(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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dimanche 11 novembre 2012

pues sí, me gusta ser tus instrucciones

no sé porqué las manecillas del reloj deciden mirarme a mí y a mis pestañas.
me pregunto reiteradas veces qué parte(s) buscan dañar con el sonido de su insistente taladro. Siempre serpentean con ese modo tan deshonesto y tan suyo.
sí. Siempre lo hacen.
y quieren llevarme tras ellas.
lo peor es que ya no recuerdo desde cuando.

consigo escapar, una vez más. (al menos, de momento)

confieso que otra vez me encuentro debatiendo entre las palabras y lo que intentan contener. insuficiente. demasiadas limitaciones.
trato de explicarlo y No puedo.

básicamente, la cuestión es que no sé qué me ocurre.
estoy asustada.
el modo en el que se desliza el reloj también me resulta hipnótico porque que es ahí donde decide esconderse el Tiempo. y he descubierto que es un cobarde. una manecilla corre tras la otra sin perder ritmo ni energía. pero no llegan a ninguna parte. son vueltas y vueltas una y otra y otra vez más sin desear ni parar, colapsando La Vida ni tampoco queriendo correr, arrastrando La Existencia.
creo que me repugna el cómo se muestra. tan uniforme y ordenado. tan mentiroso.
y es que en realidad no es constante ni exacto.
es caos y es desorden, como El Todo.

odio que ni El Viento sea capaz de modificar su velocidad.

¿y qué es de las notas? tampoco me salvo de eso.
de nuevo la canción consigue sumergirme por completo y hacerme recordar qué se siente cuando te encuentras atrapado por kilómetros de arena y mar.

Cada elemento universal es parte de mi. De mis células. De mi sustancia.

y sí. a día de hoy, el diagnóstico es que estoy definitivamente perdida.

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