(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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vendredi 9 novembre 2012

you definitely have to listen "can Light be found in the Darkness?"

last morning:

este es uno de los ecos del Mundo.

el Eterno sonido de la lluvia.


la escena consigue unirme por completo al árbol que dibuja la ventana. como si este fuera una prolongación propia. una extremidad más que logra al fin vincularnos a mi y al universo chorreante, ese que dispersa la energía contenida en las gotas perennes.

hay una gota que ha salido del camino y ha acabado por colarse dentro. puede que se trate de mi. sí. puede que sea esta la prueba de que en realidad tampoco quiero seguir el camino que me fue determinado. probablemente sea esta otra conexión más que, invisible, consigue trascender.

me resulta tan enigmático el escenario que me veo cautivada y congelada ante lo que me ha sido regalado. siento que formo parte de la Tormenta.
no quiero despertar.

he decidido que como final (y principio) dejaré dos meses de muerte y un último parpadeo de despedida.

el oxígeno empapado también debería ser Eterno.


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