El silencioso nivel donde se sitúa es tal que
ni siquiera soy capaz de hacerle ver desde esta otra orilla que la máquina se
ha detenido, que el saco se ha roto otra vez. Hay que comenzar de nuevo, hay
que repararlo. Desconozco donde están las instrucciones. Tal vez las encuentre
en otro idioma. No funcionará; necesito que sea en el suyo. (li)
He intentado e intento cada segundo luchar y
no perder. He procurado subir incluso cuando no había escaleras, he tratado de respirar
el mismísimo veneno. Bien sabe el que sabe algo que le respeto, por encima de
cualquier ser que intente acercarse a mí de aquí al final de los tiempos. Está
por encima de todas las mentes, por encima de todas las inteligencias. Me ha
enseñado el don de distinguir las sustancias pero lo que nunca me ha confesado
es como puedo combatir su propia
introversión, esa que es tan fría que con el solo roce produce quemaduras de
infinitos grados.
Si son necesarios nuevos incendios no me
preocupa, ya ardo desde hace algún tiempo. La cuestión es que no se niegue a
usar la máscara. Ayer cuando le hablaba de ella me confesó que jamás la había utilizado.
Y lo que es peor: desconocía que la tuviese o que debiera tenerla. ¿Y qué se
supone que debo yo hacer ante semejante ruina? Llevo en este teatro demasiados
años y no me acostumbro a la idea de que exista el que jamás haya pisado el
escenario.
En estos instantes, suplico que alguien me señale donde se marcharon
aquellos que decidieron perderse para nunca más volver. Pero nadie puede oírme,
nadie sabe.
Creo que esta noche tampoco yo me iré a
dormir.
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire