Dejo de mirarte y escribo.
Recuerdo. Recorro. Pienso. Confieso.
la sonrisa posterior ni siquiera se acercaba un poco a lo que antes habías conocido. hasta la
última fibra electrificándose con y sin coordinación. pero no
importaba. después, sin esfuerzo, las huellas del desequilibrio dirigieron miradas.
bailé y llovió y volví a bailar. estaba sola en medio de ese
ejército de almas en movimiento pero jamás me había sentido tan
llena. tan jodidamente libre que ni los pájaros me hubiesen entendido.
abandoné lo corporal (de hecho, lo borré).
al perder el control, realicé el
truco final. y entonces, yo y mi voz desaparecimos en aquel grito ahogado.
sí, al fin viví la noche más bonita de todas. en vivo encontré esa llameante gran multitud de seres pero solo me
importaban los conjuntos de partículas. habían sido lanzadas
al aire como mil estrellas sin nombre y eso era lo que nos mataba de
placer. moría y resucitaba de forma cíclica, sin poder ni desear parar.
gracias por el regalo. por las luces y por hacerme
sentir única en el planeta. gracias por cansarme, por ese calor y por
el sudor. por los años juntos y las conclusiones sacadas. por las lágrimas. por
dar dolor y consuelo. por ser lo agrio y lo dulce al mismo tiempo. por dejarte
repetir hasta la saciedad. por presentar otra de las casualidades en las que
nunca he creído. gracias por hilar los destinos. y por orientar mis
caminos.
Te recorro.
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