(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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dimanche 22 juillet 2012

La noche más bonita

(stop) 
Dejo de mirarte y escribo. 

Recuerdo. Recorro. Pienso. Confieso.

la sonrisa posterior ni siquiera se acercaba un poco a lo que antes habías conocido. hasta la última fibra electrificándose con y sin coordinación. pero no importaba. después, sin esfuerzo, las huellas del desequilibrio dirigieron miradas. 

bailé y llovió y volví a bailar. estaba sola en medio de ese ejército de almas en movimiento pero jamás me había sentido tan llena. tan jodidamente libre que ni los pájaros me hubiesen entendido. abandoné lo corporal (de hecho, lo borré). 
al perder el control, realicé el truco final. y entonces, yo y mi voz desaparecimos en aquel grito ahogado.

sí, al fin viví la noche más bonita de todas. en vivo encontré esa llameante gran multitud de seres pero solo me importaban los conjuntos de partículas. habían sido lanzadas al aire como mil estrellas sin nombre y eso era lo que nos mataba de placer. moría y resucitaba de forma cíclica, sin poder ni desear parar.

gracias por el regalo. por las luces y por hacerme sentir única en el planeta. gracias por cansarme, por ese calor y por el sudor. por los años juntos y las conclusiones sacadas. por las lágrimas. por dar dolor y consuelo. por ser lo agrio y lo dulce al mismo tiempo. por dejarte repetir hasta la saciedad. por presentar otra de las casualidades en las que nunca he creído. gracias por hilar los destinos. y por orientar mis caminos.

Te recorro.

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