(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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dimanche 10 août 2014

Bonjour Tristesse


...Y después de las carreras, me llevará a cenar y a bailar. El jueves al campeonato de tenis y el domingo al campo. Cuanto tiempo perdido mi querido Jack, cuanto tiempo perdido sin esperanza. Es agradable, es simpático. Y me gustaría prevenirle pero no lo comprendería. Nada de lo que me pasa podría interesarle. Porque estoy rodeada de un muro, un muro invisible de recuerdos...de los cuales no puedo deshacerme.


El número 7.
Bañador rojo, camisa azul y un cielo tan celeste que podría navegarse en él.

¿A donde vas?
¿A dormir en el agua.

Philippe.

El verano eterno de bailes de colores en movimiento. Las risas. El rojo en las mesas, amarillo transparente en los vasos. Naranja, lunares, rayas. Las vacaciones. Poco queda ya de esa época de oro donde el amor cabía en dos meses de sol, ya no hace falta ni 3 días para el abandono.

"Si tu puedes enseñarme a navegar yo puedo enseñarte a bailar"


Bendita la época en la que la playa aún era blanca y la costa era azul. Bendita la época en la que los vestidos eran largos y los lazos los ataban. Bendita esa época de canción, beso y poco más. Con eso sobraba. El amor y el tiempo han cambiado y ya no somos los mismos. Las relaciones se empequeñecen y acaban por desaparecer y nosotros con ellas. Desaparecemos tras la tecnología y olvidamos el mar, ese mar que es capaz con su sal de curar las heridas del tiempo y del espacio.

Las pestañas de Jean Seberg.

Saxofón, guitarra, violín, tambor. La orquesta en vacaciones, en la calle.
La calle es para los amantes. Siempre.

Rojo, verde para el vestido.
Blusa blanca, pantalón verde (otra vez.)
La clave es ordenar cromáticamente la realidad para verla y darte cuenta de que realmente AÚN no has visto nada.
Hay que morir primero para apreciar la vida, su cine, su costa azul francesa y el resto de maravillas que aún quedan por ver y fotografiar.
Naranja, blanco, rayas. NEGRO.

El verano es tan azul que me resulta insoportable verlo. El mar. Ese mar que aplasta. 
Las heridas aún están abiertas. No he tenido vacaciones nunca. Siempre soñando una realidad distinta a la mia. Mejor que la mía. 

La (son)Risa de Jean Seberg.


Luna nueva, nuevo juego en el casino.
CHAMPAGNE.

Afoturnada en el juego...

La mitad de mi estaba furiosa, la otra encantada. Y las dos, emocionadas.

Gafas de sol, bolsa de agua caliente y helado de vainilla como contraveneno.

IRA en bañador amarillo.

- Esta noche estás muy extraña.
- Es porque soy una chica extraña.
- Eres mi chica extraña.

El perfil de Jean Seberg.

Anne o yo.

Pascal. Espinosa. Pequeño paseo entre pinos, como siempre. Sola.

Los celos: el monstruo de los ojos verdes.


Y ya llega. El eterno viaje en bicicleta que acerca ya el final fílmico.

Cactus en el campo y una última búsqueda espía.

Cegada por las lágrimas: la inestabilidad del coche.
Y como fin, el séptimo accidente.

El aburrimiento no depende del Tiempo.

Y me quedo sola con toda la desesperación de mi pasado.


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