(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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mardi 5 février 2013

París, Texas. (Alemania)


Escritos antes de morir (vol. IV)

Se producirá la separación de todas las cosas. Huiremos. Juntos. Tu correrás, me cojeras de la mano y si. Huiremos, de espaldas al mundo. Orientados al nuestro, ese en el que no hace falta seguir estúpidos horarios ni esquemas escritos en documentos oficiales. Ese en el que la física es la física que mueve tus pestañas y hace que me sonroje. Ese en el que la biología no es más que el estudio del universo vivo que llenamos al estar juntos. Ese en el que el mar es infinito e infinitos son los lunares que recorren tu espalda y mis sueños. Ese en el que las materias de estudio están basadas en como aprender a desayunar besos y caricias. Ese en el que jamás hace falta descansar porque no hay cabida para el malestar ni tampoco la desesperanza; sino que solo se puede arder y arder otra vez al son de un ritmo diferente, un son que marca el reloj de nuestros dulces pensamientos.

Jamás volveré a dormir.

1 commentaire:

Anonyme a dit…

Ese en el que la física es la física que mueve tus pestañas y hace que me sonroje. Ese en el que el mar es infinito e infinitos son los lunares que recorren tu espalda y mis sueños.

Eso y el final, con lo de arder, que me recuerda a Laura Palmer, me encanta.

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