Escritos antes de morir (vol. III)
Tengo
unas terribles ganas de llorar. De morir y morir otra vez siguiendo un ciclo
sin pausa. De ahogarme en mis propias
lágrimas. Miro en tu dirección, tú no estás. No estás. Ni estarás jamás para
mí. Porque siempre ocurre lo mismo. La misma maldita historia de siempre en la
que llega la chica fácil y te aloja en sus brazos mientras yo espero una mirada
o tal vez una sonrisa. En la que el où & quand son solo incógnitas que
jamás alojaré en una ecuación propia.
Tengo
tanto que decirte y tan poca valentía para hacerlo que la rabia me consume por
dentro y el pesar llena mis segundos. No te merezco, posiblemente. Si.
Posiblemente no has dedicado tu tiempo en pensar en mí a diferencia de mi
persona, que espera una muestra de atención por tu parte
y que te dedica incluso parte de sus sueños. Aunque fuese la mínima, la
guardaría…la guardaría como si fuese un tesoro recién descubierto.
De esos que
encuentras enterrados en la arena de alguna playa desierta.
Pero me
lo repito: no estás ni estarás jamás para mí. Y me acabaré ahogando, definitivamente.
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