(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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mardi 20 novembre 2012

are you scared?

volvamos al sueño que no es sueño. 
o al escalofriante nudo que recorre la línea vertebral.
volvamos a los ojos enfermos.

el otro día el último aire congelado me regaló una lágrima. ni yo misma sé porqué apareció. la cuestión es que llegó sin avisar, trazando un nuevo escenario.
esta, capaz de recorrer mi rostro y el de los glaciales desconocidos, consiguió transitar como un individuo más la negra avenida. y al final, decidida, tomó el tren. 
incluso se atrevió a sentarse junto a mi. 

recuerdo a la perfección el modo con el que conseguía desdibujar el paisaje tras los cristales manchados por El Otoño Noctámbulo. 

sin duda hay un Mundo que se extiende ahí afuera. un nuevo Cosmos siniestro y simbólico que consigue hacerte daño y estremecer cada uno de tus fragmentos. (pero sólo si sabes ver)

me pregunto constantemente porqué la noche me resulta tan cautivadora. a día de hoy creo que es  precisamente por su tétrico silencio. ese que consigue seducirme sin piedad. lo hace de la forma más perversa y es que en realidad, La Noche es una mentirosa. es elegante y es bella, pero venenosa.
porque la ponzoña nocturna es la que mata. 
mata a través de los momentos que te electrifican simultáneamente a ti y a la insomne ciudad. esos en los que te sostiene en sus brazos y acabas por convertirte irremediablemente en su dulce víctima.

y la primera vez crees inocentemente que un simple humano como va a conseguir que la almohada te cure de la enfermedad noctívaga. que tras las horas de quietud volverá el orden y el resplandor diurno.

desmesurada ineptitud e inexperiencia. 

no consigues curarte jamás. 
y sí, lo matinal pasa al plano de los seres inhábiles. por eso,

volvamos a la oscura droga de las palabras.

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