(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

find me here

jeudi 16 août 2012

You don't know me


Las cosas son diferentes a cómo imaginas.

Ni siquiera me conoces un poco. Porque no puedes. Porque no quiero. 
Y en estos momentos lo cierto es que no me estoy dirigiendo a ti. Ni a nadie.

Cuando desde pequeña corres sola e intentas implorar que alguien te conceda el don de hacer callar las voces o cuando necesitas tener el poder de ver en la oscuridad por miedo a morir por los choques, entonces las personas ya no son personas sino trastorno y caos.

Un caos que tú no entiendes ni tienes.

de nuevo se oyen los disparos que taladran mi cabeza y que incluso me hacen perder la máscara. antes era más fácil, me escondía y huía a otros Mundos pero ahora he de asumir que la pistola estaba cargada de verdad.

¿Sabes? Estoy herida de muerte. 

Aucun commentaire:

Enregistrer un commentaire