(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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jeudi 23 août 2012

Let me in (118)


“Hay que odiar lo que hay que odiar.” me dijo una vez.
Admito que a día de hoy estas palabras se han logrado incrustar más de lo que supuse en un principio. Han conseguido morderme.
(…)
Regreso.
de nuevo el cine y el momento fotográfico.
 tal vez encuentres nieve y la muerte en la explosión interna producida por la luz. tal vez la sangre al fin te deje recorrer las carreteras superando los obstáculos con mayor resistencia. quizás entre copas descubras qué pieza es la que faltaba. e incluso puede que el eco te deje olvidar.
volverás de nuevo con Japón en el libro y la señal de peligro clavada en lo más profundo de tu muñeca.
Y en ese entonces, ¿serás tú el instante que me haga cicatrizar?

1 commentaire:

Anonyme a dit…

genial texto como siempre (L)

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