(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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mardi 3 juillet 2012

yesterday, on the Road

Esta es la historia de la carretera y el verde que la rodea, esos lugares por los que andas con secreto e inercia.

el tránsito de las horas muertas. el agotamiento y la fatiga cercanas a La Náusea. tú, dolorida y palpitante de calor buscando nuevos recorridos. te recoges el pelo y sigues atravesando límites físicos y psíquicos mientras los kilómetros se acumulan, debilitándote.

Esta es la época en la que tu mente se fusiona con las raíces, creciendo con su mismo carácter y velocidad.

el bosque cruje alto y claro bajo tus extremos. más violines. se agolpan mil sensaciones con abrazos rotos y sombras, sombras en los árboles. recuerdas 2001 por los límites y ángulos que marcan la luz y la corteza.
continúas, cruzando los puentes y evitando así las piedras del camino. al final, te decides. miras a un lado y a otro. te descalzas. y la hierba acomoda tus pies y los consuela de tan arduo viaje.

titulas el día con títulos pendientes, con esplendor en la hierba y muerte entre las flores. y así, se decide que la recompensa será nocturna e insomne, como siempre.

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