Sientes que algo ha cambiado. Tal vez el modo de enredarse los arboles en tu pelo. O el sabor del té caliente al contactar de nuevo con tus labios ya húmedos. Tal vez sea que durante estos contradictorios instantes infinitos tienes en mente el desarrollo del individuo, y eso te inquieta. Y has de confesar que te deja inmersa en un profundo periodo de insomnio. Si, definitivamente, algo ha debido cambiar. Ya no es el mismo insomnio que entonces.
Llegas a conclusiones que transparentan tus ojos para después llenarlos de burbujas. Esas en las que se encuentran los que están perdidos.
Parpadeas, reventándolas. Has salido huyendo. Y la música contactando con tu piel crea una sensación diferente. Tú emanas sensaciones diferentes. Y nunca te habías sentido tan llena.
Si, algo ha cambiado.
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