(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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samedi 26 novembre 2011

Mira.


puro y definitivo caos. éxtasis perfecto.
es lo que básicamente se produce en mi interior cuando experimento la aparente incómoda soledad de un momento electrizante a nivel mental. electrizante hasta tal punto que la suma de otro elemento externo desentonaría tanto que las propias luces de la ciudad aullarían de dolor por la sobrecarga producida alrededor de mi misma. todo se fundiría en una milésima de segundo, dejando a todos ciegos, aturdidos y expectantes por encontrar la respuesta a la pregunta. esa pregunta que todos formulamos o al menos deberiamos formular y que solo unos pocos buscan responder.
(nota mental: si eres capaz de formular la pregunta y de enviarsela al aire, es porque realmente existe la respuesta. la tienes ahí, frente a ti…pero aún no la ves.)

1 commentaire:

Anonyme a dit…

preciosa foto y geniales reflexiones, como siempre ;)

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