(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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jeudi 1 décembre 2011

Young blood


corazón rojo.rojo corazón.


saliendo a borbotones la sangre sin seguir la línea que marcan las arterias que intentan contenerme. continuando un propio ciclo caótico, un ciclo sin pausa que me conduce hacia algo que aun no soy capaz de captar ni tampoco controlar. un estado de embriaguez. un estado de pura locura en la que primero me deformo por completo y luego te busco. te busco y te encuentro pero no sé si estás ahí realmente ya, no sé si te fuiste hace tiempo. no sé si vas a volver. tal vez seas un espejismo.


vuelve. te pido que vuelvas y que me ayudes. no sé si estoy respirando. y no sé si estoy calculando bien la presión que me permitiría seguir viva, esa que reconduciría la sangre por sus caminos. aquella que intentaría ordenarme.

1 commentaire:

Ana Vallejo. a dit…

Qué pasada de texto, me encanta.
Tu blog es genial, te sigo, un beso

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