(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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vendredi 8 août 2014

Vacances



Crisis económica: EL MARASMO (¿africano, francés? a estas alturas de nuestra Historia, debe ser el mismo)

Un guiño al Godard de À bout de souffle y su New York Herald Tribune. bleu, rouge. Mierda comunista, una gillotina. Hachas, fruta y un diploma universitario.

No puedo conseguir casa sin trabajo ni trabajo sin casa. 
La misma canción suena por aquí.


Ideas filosóficas sobre el Tiempo en una consulta, pistolas/escopetas: poco importa la diferencia, sustituciones y el Dr. Placenta. 
Fue en un museo. ¿Cuál es el modelo, la estatua o la chica?



Un recuerdo es mejor que nada.

Rouge, Bleu, otra vez.

Una carrera por la escalera, maletas. En Paris, las puertas no se cierran solo una vez.
Truquette pensó en el Sena dibujando un poema tras el retrovisor de los ojos azules.
Se marcharon volando sobre las alas de la libertad.

CHAMPAGNE.
Tengo sed.

Si conducimos como burgueses no nos pararán.

La eterna feria de vacaciones.
Vacaciones que acaban demasiado pronto.

"Una medida excepcional para una crisis excepcional."

Timbres laberínticos, Madame Placenta y disturbios televisivos: la cancelación del verano.
Luis XVI, su ejecución, la misma pirámide llena de mierda.
Whisky, jazz y libertad: vida eterna.

Chéjov, la nieve. Je t'aime.

No hay más dinero en Francia, solo joyas. Una gran cucaracha Kafkiana, balas de cloroformo y noche de diapositivas.
La gendarmerie, corrupta, como siempre.

Je t'aime.
Seguro que no fue un sueño. Dijo "Te quiero."
Debe haber sido el viento en mi pelo.

Brindis por la amistad, el amor y la audacia.


¡Francia está a punto de enfurecer. El avión a la libertad en ruta para un viaje en el tiempo y el  espacio!
De todos modos, es lo mismo.

La orquesta y la fiesta de final del verano. Labios rojos, vestido de lunares y un quizás seas victima de tu imaginación. C'est la vie.

Truquette.
Pensó en el verano sostenida en las olas y en el horizonte salado del mar.
Verano salvaje, más rayas y más libertad.

Navegar, hacia la vida. 


Peretjatko y su largometraje recorren la Francia de la crisis a cámara rápida, eso si. Al menos cuando nos toca ver el desfile de ladrones de guante blanco, los que mandan. No necesitamos verlos más tiempo, merci bien. Esa rapidez del bañador a rayas, los paraguas como sombrillas y la locura de las pistolas nos trasladan a las mejores vacaciones, a las del cine francés, a las del sol, arena y balas de pistolas postgodardianas que, vienen a ser, en esta época de aplicaciones de hombres de anuncio con smartphones y coches descapotables, escopetas. 

Todos están locos. Y los detalles siguen siendo importantes.

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