(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

find me here

dimanche 15 juin 2014

demasiado sensible y demasiado inteligente (Vol. II)

No es tan divertido conocerse demasiado o creer que se conoce uno demasiado - todo el mundo necesita un poco de amor propio para superar las caídas y dejarlas atrás

poemas sin fecha - era una poeta callejera intentando recitar sus versos a una multitud que, mientras tanto, le hace jirones la ropa.

Ay maldita sea me gustaría estar  
muerta -absolutamente no existente- 
 ausente de aquí -de 
 todas partes pero cómo lo haría 
 Siempre hay puentes - el puente de Brooklyn 
Pero me encanta ese puente (todo se ve hermoso desde su altura 
y el aire es tan limpio) al caminar parece 
 tranquilo a pesar de tantísimos
 coches que van como locos por la parte de abajo. Así que 
tendrá que ser algún otro puente 
 uno feo y sin vistas -salvo que
 me gustan en especial todos los puentes- tienen 
 algo y además 
 nunca he visto un puente feo-.

el espacio 
el aire está entre nosotros haciendo señas

Desprenderme de los
ojos
tan relajada
dejar sólo que el pensamiento
los traspase
sin
hacerles
nada

No hay nada que temer salvo el propio miedo.

Mi sentimiento
no se hincha
en palabras.

Aucun commentaire:

Enregistrer un commentaire