(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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mardi 20 mai 2014

her

estoy escribiendo una canción de piano con mi mente.

escucho a pink floyd, escucho a chet baker, escucho a thom, escucho a ludwig van

pero hay una canción, una sola que me mata

hay una canción que hace temblar el suelo y que el viento me levante y me eleve hasta rozar las nubes como si de cumbres borrascosas se tratase.

entiendo los gritos de dolor en mojo pin, el lobo nocturno de eddie vedder.

me cruje la espalda, estoy huesuda.
siento que se clava cada célula dentro de mi.
cada una me dice que respire y camine.

pero yo sé volar no caminar y me pierdo entre tanta agua.

podría contar las gotas perennes del invierno. la arena está sobrevalorada.

lo importante no es la imagen que ves en el espejo, es la imagen que tienes de ti.

si no sabes volar, no eres un pájaro y entonces nunca verás a Abraxas.

El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper un mundo. El pájaro vuela hacia dios, el dios se llama Abraxas.

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