(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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lundi 28 avril 2014

hoy he vuelto a la playa.

¿qué poder tiene el mar de perderte entre sus explosiones? ¿qué poder tiene el mar de arrastrar la arenas sucias y contaminadas y convertirlas en tranparentes moléculas limpias? el poder del mar y su silencio atronador te consumen y te devuelven a la nocturnidad que tanto extrañabas. posiblemente fuera porque necesitabas dejar de consumirte un tiempo, necesitabas dejar de sentir para poder sentirlo todo después. y de forma más intensa, más intensa que nunca, te deslizas con los cánticos de los literatos nocturnos que te invaden y te dicen que merece la pena la espera y que al final encontrarás la respuesta a todas tus preguntas, aunque sea en fotogramas, la respuesta te poseerá y no podrás morir jamás.

la gente del mar sabe preguntarle el porqué de sus explosiones. fuegos que son contra las rocas humeantes de vida tras las huellas humanas que dejamos los demás al atravesar la hierba y la carretera que nos separan de la costa.

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