(Sólo para locos)

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

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mardi 4 septembre 2012

trillones de estrellas y tú, ardiendo

justo acabo de mirar el reloj que sujeta mi muñeca: son las 6:14 de la mañana. el tiempo sigue avanzando con sus segundos recorriéndome la nuca hasta llegar al número 15. las realidades se sostienen en el silencio noctámbulo que tanto me interesa por las mil y una sensaciones que me regala de forma incesante. y qué se yo, hoy se trata además de la hora que elijo para el comienzo de este pequeño viaje de palabras sin asfalto ni combustible.

un deseo irrefrenable de moverme y hacer estallar lo que me compone en las trillones de estrellas del cielo me está invadiendo. ( sí, querido desconocido. como ya supones al estar leyendo esto y al haber relacionado cada letra con la madrugada de septiembre, mi querido insomnio me consume de nuevo.)

siento que todo es infinito, y al final acabo por verme hipnotizada otra vez por este baile desenfrenado de pensamientos nocturnos que me hacen perder y perderme.

estoy deshidratada de tanto calor interno. de este incendio que no sé si comparto con alguien en este jodido mundo extraño en el que me levanto e intento vivir o en el que creo intentar saber vivir (o haber aprendido a fingir que sé hacerlo al menos.)

La electricidad recorre mis vísceras y dejo de entender.

esta es la tormenta de tu alma. la que te mantiene despierta aunque todo se debilite. aunque todo gire y te maree y te distorsione. aunque el molesto hormigueo te recorra por todo el cuerpo y tus órganos se incomoden, aquí está la tormenta de tu alma. esa que cuida de que no te apagues, esa que te impulsa hacia la nada y al mismo tiempo te lleva a vivirlo todo. esa que consigue que seas tú y que lo seas de la más intensa de las formas.

y es que no vas a extinguirte. ni aunque lo intentaras podrías. no, Tú no
ni tampoco el amanecer que viene ahora.

tengo Sed.

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